Ursulina ha vivido en la comunidad de Casa Blanca desde niña, y sus cinco hijos también nacieron allí. Durante muchos años, su familia no tuvo acceso a agua potable en casa. Por ello, tenían que caminar unos 400 metros hasta el río para buscar agua y cavar pequeños hoyos para recogerla. Iban al río dos veces al día, y cada vez tenían que hacer varios viajes cargando baldes de 20 litros de agua de regreso a casa.
Esta agua contaminada, recogida del río, se utilizaba para todo: cocinar, lavar y beber. Como consecuencia, la familia sufría con frecuencia enfermedades relacionadas con el agua contaminada, como vómitos y diarrea. Acarrear agua era agotador, y se volvía aún más difícil cuando algún miembro de la familia enfermaba.
Ursulina padece problemas renales desde hace años y sabía que esa agua no era potable, pero no tenía otra opción. Hoy, de sus cinco hijos, solo uno vive con ella, por lo que el hogar está compuesto principalmente por Ursulina y su esposo, José.
A pesar de las dificultades que han afrontado, ella mantuvo una fe inquebrantable en Dios, confiando en que las cosas mejorarían y que Dios los protegería ante cualquier situación que se presentara en sus vidas.
Hoy, Ursulina tiene agua potable en su casa. Ya no padece las enfermedades causadas por el agua contaminada del río, y considera que la salud es el mayor cambio que su familia ha experimentado gracias al proyecto.
Cuando supo que se construiría el sistema de agua, sintió una gran alegría y decidió involucrarse personalmente en el proyecto. Iba dos veces por semana a cavar la zanja donde se instalarían las tuberías. Este trabajo fue un sacrificio, sobre todo porque lleva siete años luchando contra la hipercreatinina, una afección renal, pero dice que Dios le dio la fuerza para hacerlo. Nunca dudó de que el proyecto funcionaría y de que pronto tendrían agua corriente limpia en Casa Blanca.
Ahora que ya no dedican tiempo ni esfuerzo a buscar agua al río,
Ursulina y su familia tienen más tiempo para atender sus necesidades médicas, descansar y pasar tiempo juntos. Ella resume el cambio con palabras como mejoría, felicidad, fe y bendiciones de Dios, y afirma: «Cuando los planes son de Dios, todo sale bien».





