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Cultivando Algo Más Que Cosechas

No hace mucho, la vida de Mabely estaba marcada por la inestabilidad económica y las escasas oportunidades. Aunque su familia poseía tierras, carecían de los recursos para cultivarlas. Por ello, las arrendaban a cambio de una pequeña renta anual. Mabely describía estas tierras sin cultivar como «un desierto sin vida».

La familia de Mabely dependía principalmente del trabajo diario de su marido y vivía centrada en cubrir solo sus necesidades básicas. No tenían ahorros y las emergencias médicas les generaban un estrés considerable. Cuando un miembro de la familia enfermaba, a menudo carecían de dinero para los medicamentos y se veían obligados a recurrir a préstamos, lo que reducía sus ingresos futuros y perpetuaba un ciclo de dificultades económicas. Con los hijos en edad escolar y los constantes gastos del hogar, incluso las pequeñas mejoras en su vivienda parecían imposibles.

Emocionalmente, Mabely sentía una constante preocupación por el bienestar y el futuro de sus hijos, preguntándose a menudo qué podría ofrecerles o transmitirles. A pesar de las escasas oportunidades para construir estabilidad y soñar con el futuro, la esperanza de Mabely perduró.

Gracias a la financiación inicial, la capacitación técnica agrícola y el apoyo brindado por Business for Transformation, la vida de Mabely se ha transformado. Ahora contempla su tierra, antes un desierto sin vida, y ve cómo la tierra sustenta cultivos vivos. Si bien los primeros días de cultivo fueron difíciles, Mabely trabajó con paciencia. Con el crecimiento de los cultivos llegó una gran satisfacción.

La familia de Mabely ahora cuenta con un ingreso más estable y confiable. Pueden invertir en su proyecto, subsistir gracias a las plantas que cultivan y cubrir gastos que antes eran inalcanzables, como la atención médica. El proyecto también ha generado oportunidades más allá de su hogar, ya que Mabely ahora puede dar empleo a una amiga de su comunidad y mantener a otra familia con los ingresos generados.

Mabely ha ganado confianza y visión. Ahora enseña a sus hijos sobre metas, sueños y lo que es posible, dejándoles no solo recursos, sino también conocimiento y un futuro. Como única mujer participante en el proyecto, se siente orgullosa, valiente y fortalecida. Su atención ya no se centra solo en el mañana, y ahora puede soñar en grande. Mantiene la esperanza en el futuro y reconoce la bendición de Dios en lo que se ha construido en tan poco tiempo.

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